Luis Marciales participa en el EP 004 del Podcast La Entrega

En el episodio 004 tuvimos la oportunidad de conversar con Luis Marciales, quien es filósofo y profesor universitario, nos reunimos el 15 de Mayo para hablar de algunos conceptos en relación a la residencia de arte de Malú Valerio y su proyecto Morada.

Invitamos a Marciales a un encuentro en La Pastora con el propósito de realizar una conversación que inició en la Sala Mendoza, en un conversatorio organizado para Malú Valerio en el marco del Premio Eugenio Mendoza. Participaron representantes de derechos humanos para hablar de la violencia de género; y nos preguntamos durante la discusión los límites entre arte y denuncia, el panfleto y la producción artística centrada en problemas locales y globales, entre otros temas. El audio que hemos preparado contiene aproximaciones a este tema guiados por las palabra de Marciales.

Anterior a esto, Marciales le escribió una carta a Malú y nos ha parecido oportuno compartirla con ustedes.

Marciales escribe:

Malu

Se puede pensar que primero fue el dolor, el grito ahogado, un corazón asfixiado antes de dejar de latir, la consumación del martirio. Pero prefiero pensar que primero está la sensibilidad, tu sensibilidad, que hace que todo cobre sentido. Que te hiera el dolor de otra mujer, le da sentido, lo muestra, señalando de pasada a nosotros nuestra débil atención, el olvido rápido de la noticia de tinte policial, la floja empatía hacia el sufrimiento anónimo, la ignorancia –muchas veces consiente– ante un sistema que no solo crea al asesino (y sus cómplices) sino que lo alimenta continuamente con víctimas. Máquina infernal con mil maneras de producir mujeres vejadas, usadas, manipuladas, dominadas, explotadas, violentadas, violadas y asesinadas.

Sí, primero es la empatía. Esa apertura a de dejarse atravesar por los otros. El lazo que nos relaciona, nos une e impide la indiferencia. Sentir al otro, sentir con el otro, sentir como el otro. En el caso de la violencia de género esos lazos que produce la empatía se hacen piel, mirada, acompañamiento, dolor compartido, cansancio ante la falta de empatía de tantos, la indiferencia, la justificación canalla, la complicidad abierta o velada. Es el gesto firme de exigir justicia, que se ponga fin al machismo naturalizado, la violencia como forma de vida, el irrespeto multiforme a las mujeres.

Pero no solamente eres voz de las que ya no podrán hablar, no únicamente te unes a las mujeres en su padecer, las acompañas en su calvario, en denunciar los horrores a los que son sometidas. Lo haces desde la belleza, el cuidado, la ternura, la feminidad que se hace expresión y te permite hablar a través de la gramática del tejido. Uniendo la regla de Santa Clara del siglo XIII con el martirio de las venezolanas víctimas de feminicidio en el ya doloroso camino del exilio, tejes sin ocultamientos, de forma clara, pero bella y delicadamente, ese sudario-libro-tapiz que no se quiere callar, sino decirnos que también ahora hay suplicio, mártires, agonías de otra naturaleza que la de la Santa pero igualmente penosas.

Que logres unir el bien y su indisoluble denuncia al mal y la injusticia, la verdad de lo que sucede a las mujeres, de la indolencia de una sociedad, de unos hechos abominables pero con belleza y casi dulzura, al recuperar sus rostros e historias en ese texto-textil, es un reto a una contemporaneidad que mantiene una tensión entre una conciencia distraída, alelada, ahogada en el placer superficial y la banalidad y por otra parte, sin caer en la práctica política burocratizada y ciega a los totalitarismo, busca un compromiso con la realidad desde el abrazo, la expresión hermosa, la posibilidad del milagro que se va creando a través de la paciencia del hilo y la tela, de unas manos que tejen con un corazón y una mente luminosos y amables.

Tu trabajo Malu atrapa por su honesta contundencia, por la delicadeza de su hechura, por la humanidad que cobija y no olvida al otro, por una suerte de paciente hacer que cose la vida con el arte de una forma a la vez suave como la tela y dura como el sufrimiento, por una inteligencia y una labor que todo lo atan de una manera que nos arroba hacia arriba y también nos hace pararnos con los pies muy firmes en la tierra. 

No dejo de pensar en San Juan de la Cruz:

¡Oh, llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres,
rompe la tela deste dulce encuentro.


¡Oh, cautiverio suave!
¡Oh, regalada llaga!
¡Oh, mano blanca ¡Oh, toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando muerte en vida la has trocado.

Gracias a Luis Marciales y Mary Anna Quintero a través de su fundación Openhouse2art por apoyar este encuentro en la Macolla Creativa.

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